martes, 21 de mayo de 2013

Lo que hace la crisis

Una mujer británica ha sido condenada a 3 años de cárcel por obligar a su hijo pequeño durante seis años a simular enfermedades, tomar medicamentos innecesarios y a usar una silla de ruedas para ir al colegio con el fín de conseguir ayudas y donativos.
Por gilipollas

En EE.UU dos policías hallan una plantación de marihuana en un terreno de nadie y proceden a arrancar las plantas y llevárselas. Más que nada en broma, dejan una nota que dice: “Gracias por las plantas. Si las quieres, llama para ponernos de acuerdo en el precio”. La sorpresa fue mayúscula cuando, al poco tiempo, reciben la llamada del que las plantó y las cuidaba para recuperarlas, antes que perderlas,  acordando 200 dólares. Por contestar la nota y, sobre todo, por tonto, pillado.

lunes, 20 de mayo de 2013

Desconfianza.

En esos incómodos momentos que, no puedes fiarte ni de tu propia sombra... porque hasta ella te puede dar una puñalada trapera, es cuando tienes que fijarte en cada pequeño gesto, cada pequeño movimiento de los que supuestamente "te acompaña" y solo ahí es cuando te darás cuanta de quien esta realmente contigo, en las buenas y en las malas.

Mejor tener pocos y de verdad y para toda la vida, que muchos y pasajeros. Por eso deja tu mente en blanco y recapitula todos los momentos que has pasado con cada uno de tus "amigos" para poder saber quien merece la pena y quien no!

Te lo aseguro de verdad hay muy POCO!
Felicidad

Se reunieron todos los dioses y decidieron crear al hombre y la mujer; planearon hacerlo a su imagen y semejanza, entonces uno de ellos dijo: Esperen, si los vamos a hacer a nuestra imagen y semejanza, van a tener un cuerpo igual al nuestro, fuerza e inteligencia igual a la nuestra, debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros, de no ser así, estaríamos creando nuevos dioses compañeros!.
Debemos quitarles algo, pero, qué?.
Después de mucho pensar uno de ellos dijo: !Ya sé!, vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser dónde esconderla para que no la encuentren jamás.
Propuso el primero: Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo; a lo que inmediatamente repuso otro: No, recuerda que les dimos fuerza, alguna vez alguien subirá, y la encontrará, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde está.
Luego propuso otro: Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar, y otro contestó: No, recuerda que les dimos inteligencia, alguna vez alguien construirá un túnel por el que pueda entrar y bajar, y entonces la encontrará.
Uno mas dijo: Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra, y le dijeron: ¡No!, recuerda que les dimos inteligencia, y un día alguien construirá una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la descubrirá, y entonces todos tendrán felicidad y serán iguales a nosotros.
El último de ellos, era un dios que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás dioses, analizó en silencio cada una de ellas y entonces rompió el silencio y dijo: Creo saber donde ponerla para que realmente nunca la encuentren, todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono: Dónde?
La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán.
Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así, el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la trae consigo.

Punto y final.

No todos se percatan, al visitar las ruinas del centenario convento, del escrito que una piedra luce. El tiempo lo ha desgastado, se intuye que es un ruego a Dios con un muy marcado punto final.
Apartando el presente destapamos el pasado. Ahora ya no susurra ni da pistas, grita lo sucedido a los cuatro vientos:

El señor del castillo marchaba muy a menudo a combatir con los infieles. Su mujer, entre lágrimas y rezos, lo despedía con angustia. Las largas ausencias del amo consiguieron alimentar la infidelidad de la señora, que dando rienda suelta a su pasión se favorecía con uno de los jóvenes sirvientes. No lo eligió al azar, con él se suponía el menor de los peligros, pues nació con el don de la discreción... Era mudo.
Pendiendo de su egoísmo, no se percató de que el muchacho la satisfacía con excesivo gozo. No era otra causa que el amor... No un simple flechazo ¡Devoró a cupido!

 En su obligado silencio rogaba por la marcha de su señor para amar a la bella dama. Pero las esperas y desprecios lo de devolvían a la realidad sabiéndose un mero capricho. Rezaba en su desesperación pidiendo un punto final de aquella agridulce historia que tanto lo atormentaba.
Una noche el soberano se anticipó en su regreso, sorprendiendo a su señora y al sirviente en plena traición. Ella, previsora y astuta, gritó y forcejeó pidiendo ayuda a su señor. Derramando falsas lágrimas al joven denunció.

El muchacho huyó desnudo y aterrado de su amo, que blandiendo su temida espada lo perseguía preso de ira.

Todo el feudo cerró sus puertas al oír los gritos del pobre diablo. Conocedores de la verdad, era mayor el temor al soberano que la intención de mediar por el falso acusado. Así alcanzó las puertas del convento. Más por mucho que las aporreó nadie le abrió. Tan solo consiguió la caída de un clavo que ya bailaba en la indecisión. Lo asió, y con angustia grabó en la piedra del muro una amarga plegaria:

“Dios, con mi voz nunca te pude rezar. Lee entonces esta plegaria. Dale a mi tragedia un punto final...” No pudo terminar. Su amo le dio alcance asestándole la hoja de la espada por la espalda, la cual asomó por el pecho del desgraciado muchacho, y golpeó con la punta el final del grabado.

A pesar de que el tiempo casi todo lo ha borrado, aún destaca un marcado punto final. Que un día te puede escuchar.